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Family Hold - Testimonios

Comprender a nuestra hija” (Micaela, 3 años)
Me llamo Claudia y mi esposo Sergio, tenemos una nena de 3 años llamada Micaela. Nuestra hija tenía problemas de conducta, lloraba por todo y no sabía esperar, además de ser sumamente caprichosa. Por su edad no nos dábamos cuenta de qué cosas podía entender y cuales no acerca de las consignas que le dábamos.
Con mi esposo no sabíamos a quien llamar ni que hacer. Estábamos muy nerviosos porque era imposible ponernos de acuerdo acerca de que hacer. Un amigo nos contó acerca de una terapia que hizo en su hogar la cual nos convenció al instante y fue así como nos decidimos a llamar a Family Hold.
Conocimos a la Lic. Analía Mitar y por suerte nos pudo ayudar y orientar con nuestra problemática familiar. Con Sergio nos dimos cuenta que Analía tenía mucha experiencia en el manejo de las situaciones familiares. Ella nos ayudó a comprender a Mica, a entenderla y no ser tan exigentes con ella. Nos dimos cuenta que es una nena como todas y que a su edad es normal que sea caprichosa y que no tolere esperar. No teníamos un problema de límites sino de comprensión.
Aprendimos cuando tenemos que decir que sí y cuando no. ¡Gracias!
(Claudia Lais y Sergio Castro)

“El rol de mamá y el de papá” (Camila, 5 años, Valeria, 3 años)
Me llamo Adriana y tengo 2 hijas, Camila de 5 años y Valeria de 3. Me acerqué a Family Hold, buscando una solución concreta para poder lograr que mis hijas respeten mi autoridad, ya que muchas veces no lograba sostener los límites y las normas que quería poner dentro de mi casa. Al principio mi esposo, Daniel, me acompañó, sin grandes esperanzas de que algo cambiara. Nos llevó algo de tiempo, pero de a poco y con la ayuda de Analía, primero en nuestra casa, al lado de nuestras hijas y a veces en el consultorio, pero sin ellas, Daniel y yo entendimos primero que él debía participar más en la crianza y en la educación de las nenas y que yo debía dejarlo hacer a su modo. Yo pensaba que mi manera de criarlas era la más adecuada y siempre estaba criticando lo que Daniel decía o hacía. Cuando él pudo comprender que su rol de padre era tan importante como el mío, y que yo debía respetar y acompañarlo sin contradecirlo, delante de las nenas; las cosas en casa empezaron a cambiar. Después el tema era el como. Nos costaba, sostener las pautas o ponernos de acuerdo entre Daniel y yo, porque uno sentía culpa o uno se ponía como el bueno y el otro como el malo y esto no nos ayudaba con nuestras hijas. También, nos dimos cuenta que muchas veces les exigíamos a las nenas, cosas que todavía no estaban de acuerdo a su edad, o no teníamos la suficiente paciencia para entender porque se ponían tan caprichosas por cosas que a nosotros nos resultaban insignificantes. Aprendimos a ponernos en su lugar, comenzamos a jugar un poco más con ellas y a partir de la terapia no nos sentirnos tan culpables, por trabajar y estar fuera de casa y sobretodo pudimos diferenciar que poner límites no es ser malos. Hemos mejorado mucho como familia pero sabemos que en cada etapa de la infancia de Camila y Valeria todavía nos quedan varias cosas que aprender, pero ahora estamos más dispuestos y menos frustrados.

“La familia se muda al extranjero” (Dos hijas, 2 y 5 años)
Si bien la conocíamos hace muchos años en los cuales hemos estado siempre sostenidos por ella, la Licenciada Analía Mitar llegó la acompañarnos en un momento clave en nuestras vidas. Nos estábamos trasladando a vivir temporalmente a otro país y por ello teníamos una enorme incertidumbre. ¿Cuándo sería nuestro regreso? Nuestra paternidad estaba un tanto alborotada al igual que nuestras dos hijas y nuestro matrimonio. Analía estuvo en ese preciso instante en el que nosotros apostábamos a todo o nada. Decimos de común acuerdo llevar a cabo una terapia familiar, que prometía ser maravillosa pero no suficiente para los momentos que corrían en nuestra familia. Entonces decidimos llevarla a cabo en nuestra propia casa. La respuesta familiar fue estupenda. Nos encontramos frente una realidad inesperada, los límites por ejemplo, estaban puestos más por nuestras propias hijas de 2 y 5 años que por nosotros mismos. Nuestras hijas no dudaron en mostrar sus propios temperamentos, lo cual fue perfecto, ya que yo particularmente temía que no sucediera debido a que ellas estaban embelesadas ante la presencia de Analía. Lo que implicó que la licenciada pudiera vivir nuestra realidad de todos los días sin cambios en las actitudes de los integrantes de la familia. Las pautas propuestas por Analía fueron tomadas por toda la familia y desarrolladas de la mejor manera posible. La idea era justamente que se manifestaran algunas de las fallas con las que convivíamos a diario para hacer hincapié en ellas. Al cabo de algunas sesiones volvimos a conversar sobre algunos puntos a reforzar, con la intervención de Analía y el esfuerzo familiar logramos terminar el círculo de dudas y concluir este proyecto familiar en un ámbito conocido para nuestra familia como el propio hogar, acompañados de un apoyo terapéutico en un marco contenedor. ¡Gracias Licenciada Analía Mitar!
(Eugenia Genesio y familia)

“Mamá separada” (Tiago y Carolina)
Respecto a la iniciativa de la Lic. Analia Mitar quisiera plasmar mi experiencia: soy una mamá separada a cargo de dos niños, con un padre ausente en sus responsabilidades. Cuando en una reunión de amigas me enteré que podía hacer terapia en mi casa no dudé en pedir una entrevista. Tuve la visita de la profesional donde expuse mis necesidades y dudas respecto en esta difícil etapa que estaba transitando no solo a nivel personal sino en la relación con mi hijos. En primer lugar; quisiera destacar la importancia que sea en nuestro hogar para evitar traslados con dos niños en transporte público ante la vorágine diaria de correr tras las actividades de cada uno. Pudiendo contar con la mirada de un profesional para saber si estamos haciendo bien las cosas, algo que las mamás nos asusta y mucho. Agradezco la contención frente a la toma de decisiones en los límites, tema complicado en estos momentos de tanta información cibernética y falta de comunicación real por tener muy poco tiempo para dedicarse a los temas importantes o por estar corriendo tras temas laborales. Otra cosa que debo resaltar es la mediación que pudo lograr entre los adultos (padres separados) tratando de coordinar tiempos para compartir con los niños, pudiendo la Lic. Analía corroborar ante su visita la relación en ambos hogares para tranquilidad de los padres en la devolución de la problemática pactada.
(Sandra Fuentes)

“Sobre un abordaje familiar” (Federico, 7 años)
Me gustaría compartir esta experiencia con padres y madres que posiblemente se encuentren en la misma situación que la mía hace unos meses. En algún momento mi hijo Federico de 7 años, se tornó inmanejable para Claudia, mi esposa, y para mí. Supongo que más para ella que para mí, ya que yo llegaba de mi trabajo a las 21hs., cansado y solo recibía quejas de parte de Claudia acerca de mi falta de colaboración en la crianza de nuestro hijo. Yo no podía entender cuál era el motivo de tanta preocupación,¿sus berrinches? Se le pone un límite y ya!, se le apaga la tele, se lo manda a su habitación a pensar acerca de su actitud y a la larga tendrá que entender. Acaso, ¿su comportamiento rebelde, su constante desobediencia, era tanto en nuestra casa, como, en el colegio? Esto empezaba a ser preocupante para nosotros a partir de una entrevista que tuvimos con su maestra. No sólo se trataba de eso que yo pensaba, sino que con sus compañeros reaccionaba de una manera agresiva cosa que nos extrañó. Decidimos solicitar la ayuda de un programa especializado en estos temas que encontramos por Internet “Family Hold”. Lo que nos ofrecía parecía a nuestra medida y tengo que decir que no solo fue así, sino que esta ayuda de una profesional nos aclaró tantas cosas que tengo que admitir que aunque simples desconocíamos. Se trata de un plan corto pero efectivo que nos hizo visualizar no solo las actitudes de Federico como el centro del problema, sino nuestras actitudes tanto como pareja como de comunicación hacia él. Los mensajes contradictorios que emitíamos, nuestras discusiones normales para nosotros pero poco entendibles para él, entre otros temas. Pero lo que más me impactó de este proceso fue lo más simple mi descuido como padre del vínculo afectivo con mi hijo. Al tomar conciencia de esto y revertirlo muchas cosas empezaron a cambiar. Aunque todo es algo más profundo, tan solo quería comentar mi experiencia para que pueda ser útil a aquellos que tal vez estén pasando por la misma o similar situación.
(Claudia y Simón.)

“Los Jaimitos” (Federico, 3 años, Alicia, 4 meses)
Llamo así a los niños y las niñas de entre año y medio a 6 años que son bastante más caprichosos de lo que suelen ser los pequeños y pequeñas de dichas edades. Berrinchosos, omnipotentes, egoístas, no aceptan los “no” paternos, ni los límites, no respetan ni las normas ni reglas de la casa. No se comportan de la misma manera en el jardín o con los abuelos u otros familiares, generalmente, son más tranquilos con ellos. Es común para los padres escuchar “cuando vos llegas, él o ella cambia”. Los papás de Federico, 3 años y medio y de Alicia, de 4 meses, se acercaron a la consulta sumamente afligidos, preocupados y sobretodo desbordados. “Ya no sabemos qué hacer, nada parece funcionar, ni los retos, ni los castigos e incluso ahora algún tirón de pelo o un chirlito le damos y ni eso”. Me acerqué al hogar en 3 oportunidades distintas, a la hora de comer, de dormir y una tarde a la hora del baño. Realmente, ver a Federico era ver a un”jaimito” travieso, sumamente desafiante, irreverente, llorón, corriendo de un lado a otro y los padres desesperados corriendo tras él, con el tenedor en la mano para darle de comer, o llevándolo por fuerza al baño o luchando más de 1 hora para hacerlo dormir. Mi trabajo empezó, primero con los padres. Buscando cambiar su actitud y su autoridad frente a su hijo. Debían ser firmes, coherentes con las pautas impuestas y entre ellos crear una sólida unión sin desautorizarse y apoyándose mutuamente. Armamos con ellos toda una estrategia de trabajo en equipo. Por otro lado, con Federico e incluyendo a Alicia (más allá de su edad) la idea era que entre los hermanos se creara la sensación de complicidad y de unión. Por ello, armé un sistema de recompensas acorde a su edad. Esta idea le fascino a Fede. Y por último y no por ello menos importante, busque armar innovadores espacios de juego, de esparcimiento familiar. Con ello se logró que tanto los adultos y los niños del hogar se conectaran armoniosamente. Entonces la famosa ”llamada de atención” de los chicos hacia los padres se torno de negativa a positiva. Fede se sintió más contento y feliz porque sus padres se relacionaban con él desde el afecto y con tiempo, no apurados. Empezó a sentirse más escuchado, contenido, amado y seguro, debido a que los límites eran ahora, claros y concisos. Si un niño o una niña, se siente así, les resulta más fácil aceptar las pautas paternas. Con tiempo y dedicación no sólo cambio el comportamiento de Fede, sino toda la dinámica familiar.

“Falta de límites” (Felipe, 4 años)
Felipe es un nene de 4 años, que va al jardín, se relaciona bien con sus compañeritos, y su maestra, pero en “casa es caprichoso, demandante y no acepta un no. “Se pone a llorar por cualquier cosa, a veces hasta una hora…” relatan los padres, que se encuentran bastante desorientados. Me acerco al hogar, en distintos horarios y días, y así logro conocer la dinámica familiar a pleno. A partir de ahí, empiezo a trabajar con los padres. Primero, en su dificultad para ser claros, concisos y eficientes a la hora de poner límites, imponer orden y reglas en la casa. Al mismo tiempo, busco que se den cuenta que Felipe, busca llamar la atención de una forma negativa, es decir, sabe que cuando hace lío, ellos están, ellos vienen. Porque es lo que aprendió hasta ahora. Entonces, les doy nuevas pautas, en la forma de comunicarse y de acercarse a él. Brindándole atención positiva, es decir, estar con él cuando esta bien, no aprovechar cuando esta tranquilo para salir atender las actividades habituales de cualquier hogar, ya que Felipe, aprende que cuando esta tranquilo, sus padres se van, no están con él. Entonces, hace lío. En segunda instancia, reforzaron el vínculo de una manera amorosa, armoniosa. Empiezan a lograr que Felipe, haga más caso, tenga ganas de portarse bien. Acepta los límites y las normas, como: irse a dormir de manera más tranquila, comer sin levantarse de la mesa permanentemente, entre otras cosas. Les sugerí que contaran cuantas veces por día le decían que sí y que no. Obviamente el no, superaba ampliamente el sí. Este modo de comunicarse también se modificó. Lo que trajo mayor alegría y menos caprichos. Los padres conocieron cuales eran sus límites de tolerancia y de aceptación, a partir de ahí, Felipe tomó con mayor agrado los límites más reales y concretos que sus padres le proponían. En un par de meses aproximadamente, pudieron junto con mi ayuda, cambiar formas de relacionarse, de comunicarse y crearon así una nueva dinámica familiar.

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